Mensaje de Navidad de Monseñor González: Paz, Gratitud y el Valor de la Vida Copiar

Monseñor Luis Eduardo González,  habló sobre esta Navidad (obispo de los departamentos de Colonia y Soriano, Diócesis de Mercedes).

“Siempre a fin de año estamos con muchas actividades. El nacimiento de Jesús nos pide, como todo nacimiento, detenernos y contemplar. Tomarnos un momento para el silencio y agradecer la vida de cada persona, la familia, los amigos… La vida de todos nosotros es muy frágil, incompleta, puede haber alegría y tristeza, sueños y fracasos, pero al mismo tiempo está intacta la capacidad de comunicar, de conocer y amar a Dios y a los demás. Y eso es tremendo.

En el mundo de hoy es necesario serenarse un poco y pedir paz en el corazón. Que cada uno de nosotros delante del pesebre repase y agradezca las personas que tiene al lado, las que estuvieron, las que recuerda y, a partir de ahí, reciba paz; que la Navidad nos ayude en las relaciones interpersonales, en los gestos, en los comentarios. Parece algo sencillo, pero es muy difícil vivirlo para algunas familias, en algunos lugares. Si recibimos paz, la transmitimos.

Hay que tener presente que a la vida la recibimos de otros brazos. María tiene a Jesús en brazos, en el pesebre, y de los brazos de María recibimos nosotros a Jesús.

Que esa imagen de María nos ayude a pensar que cada uno de nosotros tiene la vida de otra persona en brazos, y hay que cuidarla, atenderla, quererla, es la tarea de toda persona.

El otro camino, es decir: no. María me entrega a Jesús y yo le puedo decir que no, como le dijeron a ella cuando fue a tener a su hijo en Belén: ‘no hay lugar acá’, ‘no hay lugar en mi vida, ni en mi familia, ni en mi trabajo, ni en mí’. ‘No tengo tiempo’, ‘no te puedo cuidar’, ‘no te puedo atender’. Y bueno, puede ser, esos son los tiempos de cada uno.

Nuestro mensaje es tratar de vivir esta experiencia del pesebre, recibiendo a Jesús como un regalo, cuidándolo y entregándolo a otros. Y también pensar esto de la pequeñez y la grandeza humana que se dan en un mismo ser, en una persona que somos todos nosotros. Por ahí va la reflexión de este tiempo.

Es un tiempo de  paz que empieza en cada corazón. Y la paz que recibimos, que no es nuestra, sino que es una paz que uno recibe de Dios, que es la que nos permite en determinados momentos no explotar, no generar algo que le haga mal a alguien, buscar otro camino, un momento con Dios.

Hay mucha violencia en las redes, en la familia, en la calle, en el tránsito, en los deportes, en el mundo. Seguramente no van a parar las bombas, los robos, o el maltrato, o tantas otras cosas en la Navidad, porque el mundo está aún incompleto, no está lleno de paz. Pero para los que recibimos paz lo importante es que podamos sembrarla.

La paz no es: «tengo una buena mesa, estamos todos, tengo plata».

La paz nace del corazón, de la conciencia, de ese Dios que está ahí y que nos dice que, aunque tengamos pocas cosas, aunque no tengamos todo lo que quisimos tener en este momento del año, hay una paz profunda que la da Dios. Está con nuestros seres queridos, podemos abrazar a alguien y, aunque sea poco lo que tengamos en la mesa, celebramos el valor de la vida, eso es lo que celebramos.

Quiero enviarles un saludo también a las personas que quizás no comparten nuestra fe, pero que van a vivir una Navidad en familia, con amigos. Les deseo momentos de alegría, de gratitud, de esperanza, para poder seguir adelante, generando espacios fraternos en nuestra sociedad, donde haya diálogo, encuentro y la paz sea posible.

Feliz Navidad a todos; desde mi corazón un saludo y abrazo fraterno. Qué juntos, con toda la humanidad, podamos caminar un nuevo año y lo hagamos más humano para todos”.

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