El arquitecto Enzo Perini ofreció una detallada descripción del proceso constructivo que devolvió al monumento su forma original, abordando los desafíos desde la perspectiva de la arquitectura.
En contraste con la estatua original, realizada íntegramente en hormigón, la restauración demandó una planificación y ejecución precisas desde sus cimientos.
Perini explicó que la intervención se inició con la creación de una robusta piedra fundacional, un bloque de hormigón de 4×4 metros con un espesor de 30 centímetros, asentado sobre un patín de 2×2 metros y 1,20 metros de altura, enterrado bajo el nivel del suelo.
De esta base emergió una columna de hormigón armado que actuó como núcleo estructural.
Una vez consolidado el núcleo, se procedió a la colocación de moldes secuenciales, mediante los cuales se vertió el hormigón para dar forma a la columna, comenzando por la base y ascendiendo a través de las distintas secciones de los moldes.
El arquitecto destacó el trabajo para asegurar un acabado impecable en cada etapa.
Un desafío particular se presentó con el capitel, que debió ser elaborado in situ debido a las limitaciones del sistema de encofrado inicialmente previsto.
En contraste, la estatua fue moldeada directamente en su ubicación final, rellenando los moldes vacíos con diversas dosificaciones de hormigón.
Finalmente, se aplicaron al capitel los elementos ornamentales, incluyendo las figuras de águilas y otros detalles.
La etapa culminó con un gran trabajo de enduido, lijado y pulido, esencial para alcanzar la textura y terminación deseadas, devolviendo al monumento su esplendor original.