Hay momentos que marcan un antes y un después.
Hay jornadas que no terminan cuando se apagan las luces, porque quedan latiendo en el corazón de quienes las vivieron.
La Maratón CEA 2026 fue exactamente eso.
Luego de meses de trabajo silencioso, de reuniones, llamadas, organización, planificación, gestiones, búsqueda de apoyos, coordinación de artistas, deportistas, familias, profesionales, comunicadores, voluntarios e instituciones; finalmente llegó el día en que todo aquello que parecía una idea inmensa, desafiante y casi imposible… se volvió realidad.
Y hoy, desde los equipos de trabajo de PVTEA y AJACEA, lo primero que sentimos es una profunda felicidad.
Felicidad genuina. Felicidad de haberlo logrado. Felicidad de haber visto al Teatro 28 de Febrero transformado en el corazón de una causa. Felicidad de haber sentido durante 24 horas que Mercedes habló, escuchó, cantó, corrió, bailó, reflexionó y se emocionó por una misma razón: la población dentro de la condición del Espectro Autista.
Cada testimonio, cada artista, cada profesional, cada familia, cada niño corriendo en la corre caminata, cada persona vestida de azul en la clase abierta de zumba, cada mensaje de apoyo, cada donación, cada presencia física o virtual… fueron la prueba concreta de que cuando una comunidad entiende una causa, puede abrazarla.
Y eso tiene un valor inmenso.
Porque esta maratón no fue solamente una transmisión de 24 horas.
Fue visible. Fue psicoeducación social. Fue sensibilización.
Fue ponerle rostro, nombre, historia y humanidad a una temática que durante mucho tiempo estuvo rodeada de desconocimiento, prejuicios o silencios.
Durante estas 24 horas, muchísimas personas se acercaron por primera vez al mundo del autismo desde un lugar diferente: no desde la distancia, sino desde la empatía.
Muchos pudieron conocer más profundamente qué implica la condición del Espectro Autista, cuáles son las barreras diarias que enfrentan las familias y, sobre todo, pudieron reconocer el trabajo serio, comprometido y sostenido que desde hace años realiza el Centro PVTEA, hoy consolidado como un verdadero referente regional en la temática, junto al proyecto AJACEA, que continúa ampliando derechos para adolescentes, jóvenes y adultos.
Eso nos llena de orgullo.
Porque no solo mostramos un evento. Mostramos una realidad. Mostramos lucha.
Mostramos trabajo profesional.
Mostramos que detrás de cada atención, de cada taller, de cada intervención, existe un equipo humano que deja horas de su vida pensando en una mejor calidad de vida para esta población.
Pero si hubo algo que tocó profundamente nuestro corazón, fue ver a las familias.
Verlas participar. Verlas acompañar. Verlas correr. Verlas estar. Verlas emocionarse.
Verlas asumir que esta causa también es propia.
La inmensa mayoría de las familias dijeron presente de una u otra forma, y eso para nosotros no es un dato menor: es una señal de esperanza.
Porque los equipos técnicos, docentes y profesionales somos importantes, sí; trabajamos, planificamos, intervenimos y acompañamos… pero somos transitorios en la vida de sus hijos, hijas, adolescentes y jóvenes.
Quienes permanecen para siempre son las familias. Quienes conviven con cada desafío diario son las familias. Quienes sostienen los avances fuera de cada espacio terapéutico o educativo son las familias.
Por eso, haberlas sentido parte, haberlas visto comprometidas y haberlas notado emocionalmente conectadas con el objetivo, nos devuelve fe.
Fe para seguir. Fe para creer que el camino verdaderamente es juntos.
Sería deshonesto no decir también que nos habíamos planteado una meta económica enormemente ambiciosa.
Soñábamos con alcanzar los 400.000 dólares, monto pensado para concretar la compra y el acondicionamiento integral de una casa propia, un espacio digno, funcional y adaptado a las necesidades reales de la población autista que atendemos.
La recaudación, en términos estrictamente económicos, estuvo muy lejos de ese ideal. No alcanzó, ni siquiera de forma cercana, aquello que anhelábamos.
Y claro que eso duele, porque detrás de esa cifra no hay solo dinero: hay sueños, hay urgencias, hay años de funcionar con limitaciones, con espacios prestados, con infraestructura que no responde a lo que esta población merece.
Sin embargo, incluso en ese escenario, la Maratón dejó una conquista concreta y profundamente significativa: logramos el compromiso formal de la Intendencia de Soriano y de la Junta Departamental respecto a la casa.
Eso significa que la causa dejó de ser solamente nuestra. Pasó a instalarse también en la agenda pública. Pasó a tener eco institucional. Pasó a convertirse en una necesidad reconocida colectivamente. Y eso, aunque lejos de la meta inicial soñada, también es un triunfo.