Se podría decir que con esta inspirada frase, Monseñor Luis Eduardo González, resumió la gran emoción y alegría durante la celebración de la Vigilia Pascual, que envolvió a todos los presentes la noche del sábado, en la catedral Nuestra Señora de las Mercedes
Luego de una semana que fue iniciada por el Domingo de Ramos, marcada por un ambiente triunfal; pero que llegó al punto opuesto, el Viernes Santo con la pasión y muerte de Jesús, que fuera recordada por el Vía Crucis.
Sin embargo, esa nota de dolor es concluida con la alegría y el júbilo de la Resurrección.
Vía Crucis realizada en la Plaza Rivera
Precisamente, en este ambiente de algarabía que inundó, la noche del sábado, a la catedral Nuestra Señora de las Mercedes, Mons. Luis Eduardo reflexionó sobre la alegría y gloria que significa para los católicos la resurrección de Jesús, después de tres días en el sepulcro- destacando la gran alegría y júbilo de la Virgen María al reencontrarse con su resucitado, luego de haber pasado por sufrimientos y una muerte inenarrables.
El obispo diocesano, durante su homilía hizo un llamamiento a los presentes y a todos los católicos de la Diócesis: “No perder las raíces e identidad cristianas, transmitiendo la luz y la alegría de la fe, sin temor y con ufanía.”
Estas celebraciones de Semana Santa fueron vividas con gran intensidad, recogimiento y devoción, por todas las comunidades de la Diócesis de Mercedes.
La Vigilia Pascual es la fiesta más importante del año litúrgico de la Iglesia católica.
Esta ceremonia se inicia con el encendido del Cirio Pascual, simbolizando el regreso de la luz victoriosa sobre las tinieblas, tras la pasión y muerte de Jesús.
Por este motivo el templo es decorado con flores, profusamente iluminado, rodeado de un ambiente festivo, con uso del incienso y los sacerdotes se revisten de ornamentos blancos.
Fotos: Gentileza de Maxi De la Cruz G.