Este último domingo, Domingo de Ramos, fue dado inicio a la Semana Santa, con la tradicional bendición de los ramos, la procesión hasta la catedral y la celebración de la santa misa, con un templo repleto de fieles.
Festividades encabezadas por el obispo diocesano Mons. Luis Eduardo González, quien manifestó en la homilía, un vehemente llamado: ¡Elevemos los Ramos de Olivos, los de la paz y no los de las armas, no los de la guerra!
Mons. Luis Eduardo, describiendo el contexto mundial de nuestros días, marcado por incontables, incesantes, interminables y crueles guerras y conflictos enfatizó que “el mensaje cristiano, transmitido por el Evangelio, es de la paz.
Paz en el interior de nosotros mismos, en nuestro corazón, en nuestras familias, en nuestras ciudades, en toda la sociedad.
Y esa paz nace del amoroso, bondadoso y manso Sagrado Corazón de Jesús, que se derrama por la gracia divina, y por intermedio de la Santísima Virgen, a todas aquellas personas de buena voluntad, abiertas a la misericordia.”
“No obstante –continuó el prelado- en la Semana Santa se dio un fenómeno paradigmático: el Domingo de Ramos, toda Jerusalén recibió con palmas de gloria y vítores, aclamando a Jesús como el mesías, el salvador. Pero, cuatro días después, el viernes santo, esas mismas personas estaban crucificando a ese hombre-Dios al cual habían visto hacer milagros, etc. ¿Pero, por qué ese cambio tan violento tan contradictorio? Justamente, porque entró en el alma y en el corazón, de esas personas la inquietación, la duda, la ingratitud para ese Dios hecho hombre.”
Monseñor González concluyó haciendo un llamamiento y una invitación: “Pidamos a Nuestro Señor Jesucristo, por las manos de María Santísima, para todos nosotros, nuestras familias, nuestra sociedad, un corazón lleno de paz , de misericordia, en medio de tanto conflicto, desencuentro, de tantas miserias que nos rodean y que vemos como amenazas permanentes. Y, que ese pedido esté lleno de confianza en que será atendido super abundantemente.”