Aporte al debate y reflexión pública sobre la eutanasia.
El fundamento que sostiene nuestras opciones:
1. La dignidad de la persona se fundamenta en el mismo hecho de pertenecer a la
especie humana. Decir que es “digna” es el mejor modo de expresar su valor absoluto,
único e insustituible, que no se pierde en ninguna circunstancia y es independiente de
cualquier condición. Este principio de la igual dignidad de todo ser humano es
plenamente reconocible por la sola razón, y constituye el fundamento de los derechos
humanos. Para nosotros, los creyentes, Dios “ama infinitamente a cada ser humano” y
“con ello le confiere una dignidad infinita”1.
El valor de la vida de cada persona es un don que trasciende la mera existencia física.
La vida humana es el fundamento, la condición necesaria para adquirir todos los bienes, la fuente que posibilita toda actividad humana y toda convivencia social. La vida es bella
e irrepetible pero, al mismo tiempo, es limitada y la acompañan diversos sufrimientos, así como la muerte. Necesitamos fortalecer una conciencia social que acoja, proteja, promueva y acompañe a cada persona en toda su existencia, incluida la etapa final de su
vida terrena, a través de la fundamental ayuda de la familia, la medicina paliativa y la genuina experiencia espiritual.
Nuestro esperanzador SI
2. Valoramos enormemente la forma de accionar de la medicina paliativa. Lo propio de ella es cuidar, aliviar y consolar, humanizando el proceso de la muerte de forma profesional, afectuosa y cercana, con el paciente y su familia. Ella es la mejor expresión de lo que en lo profundo del corazón desean la mayoría de las personas que no quieren ver sufrir a un ser querido y tampoco quitarle la vida.
3. La sedación paliativa es una indicación médica científica y éticamente correcta, que se plantea cuando los pacientes padecen síntomas no controlables (refractarios) que les provocan un sufrimiento intenso. La misma consiste en la disminución deliberada del nivel de conciencia del enfermo mediante la administración de fármacos apropiados, por vía y en dosis adecuadas.
Exige un control clínico permanente del efecto buscado y requiere para su inicio el consentimiento explícito o implícito del paciente o, en caso de incapacidad, delegado en un familiar directo. Los cuidados básicos (alimentación, hidratación, aseo, cambios posturales) pueden continuarse y ser periódicamente evaluados.
4. Destacamos la autonomía responsable como un elemento fundamental en referencia a la dignidad de la persona. El ser humano -por naturaleza- es libre y se perfecciona en su ejercicio. Basar la dignidad de la persona únicamente sobre su autonomía constituye una visión antropológica reducida. La misma enfermedad, la medicación y otras circunstancias limitan necesariamente la capacidad de decisión de la persona.
Además la
1 -Declaración Dignitas infinita, sobre la dignidad humana. Dicasterio para la Doctrina de la Fe, 2 de
abril de 2024.
https://iglesiacatolica.org.uy/wp-content/uploads/2025/04/Declaracion-CEU-abril-2025.pdf